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99 Aniversario // El Universal

septiembre 29th, 2014
“Arete”, un caballo de oro

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El  potrillo tuerto que le dio un oro Olímpico a México

Xochiketzalli Rosas / CIDAU-Hemeroteca

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Al terminar la Segunda Guerra Mundial, la humanidad quería recobrar la sonrisa y en el deporte encontró una forma de lograrlo; por eso la primera justa Olímpica tras el holocausto arrojó historias que conmovieron a la sociedad, como aquella de “Arete”, del que EL UNIVERSAL da cuenta en sus páginas.

La historia inició con un desacato:

−El viaje se cancela. No pueden ganar con esas carretas de caballos, con ese tuerto –dijo contundente el presidente Miguel Alemán un par de meses antes de que el equipo ecuestre mexicano partiera rumbo a los Juegos Olímpicos de Londres 1948.

El teniente coronel, Humberto Mariles, sintió que sus 12 años de trabajo se iban a la basura; y entonces vino una decisión brava: irse sin permiso; su equipo se solidarizó y él les advirtió que sería el único que pagaría las consecuencias.

Con una orden de aprehensión esperándolo en Roma por desacato, peculado y deserción, Mariles y su equipo iniciaron en febrero de 1948 la gira previa a los Olímpicos: Nueva York, Toronto, Italia, Suiza y Londres; ganando cinco de seis pruebas y coronándose con un rotundo éxito al conquistar la importante prueba de fuerza “Concorso Ippico Internazionale” en Italia. Suceso por el cual el 10 de mayo de aquel año el equipo ecuestre mexicano fue recibido por su santidad el Papa Pío XII.

Y los teletipos hicieron volar la noticia. El indulto presidencial no tardó en llegar con el apoyo total.

El encuentro

Todo inició en 1938, cuando Mariles formaba el equipo olímpico de equitación; en un modesto rancho de los Altos de Jalisco, llamado “Las Tracas”, nacía aquel potrillo que lo llevaría a la gloria: un alazán tostado, de esos que brillan como bronce, al que llamaron “Arete” por una hendedura natural en la oreja izquierda.

El encuentro sucedería 10 años después, luego de que “Arete” fuera vendido a un regimiento de su estado natal, hizo binomio con los oficiales y fue incorporado al equipo de saltos, convirtiéndose en un mito porque libraba un salto de más del 1.80 metros que otros caballos no podían. Mientras que Mariles lograba siete grandes premios ecuestres en Estados Unidos.

Así, un día de enero de 1948, Mariles acudió al Club Hípico Francés, último hogar de “Arete”, aquel caballo tuerto debido a una deficiencia orgánica por la que fue perdiendo poco a poco la vista del ojo izquierdo. En ese entonces Mariles, quien montaba a “Resorte”, otro caballo de los más veloces del mundo y que lo había acompañado en sus victorias, comprendió que su compañero entraba al fin de su carrera.

“Arete” cada vez saltaba más alto los obstáculos; no era tan rápido como “Resorte” pero era muy potente y saltador. Así que Mariles decidió que “Arete” sería su nueva cabalgadura rumbo a Londres 1948; convirtiéndolo en un caballo de competencia olímpica en sólo siete meses.

Las páginas de oro

Su majestad, el rey Jorge VI de Inglaterra inauguró el 29 de julio de 1948 los XIV Juegos Olímpicos, donde participaron 59 países. La primera victoria del equipo hípico mexicano ocurrió el 8 de agosto, cuando Mariles, Campero y Joaquín Solano Chagoya conquistaron por equipos la medalla de Bronce en la prueba de los Tres Días.

Las páginas de EL UNIVERSAL se bañarían de oro el 14 de agosto, cuando en la ceremonia de clausura se realizó el tradicional Gran Premio de las Naciones, donde serían premiados los tres primeros equitadores y los tres primeros equipos.

El estadio Wembley se revestía en un silencio sepulcral. “Arete” con ritmo cadencioso, saltaba limpiamente dirigiéndose a la ría que mató las esperanzas de sus contrincantes; pero no la de él ni de su jinete, porque a pesar de caer en el primer salto, remontaron para que “Arete” volara sobre aquel muro.

Así de valeroso lo dibujó el periodista decano de EL UNIVERSAL, Jacobo Dalevuelta, en la edición del día siguiente, cuando todos sabían que México se coronaba como campeón olímpico; la primera medalla de oro individual y por equipos; además de la plata de Rubén Uriza, seguidos en el medallero por España y el anfitrión. Y un homenaje tumultuoso para el equipo hípico a su regreso.

Murió el Rey Tuerto

Aquel fatídico día, “Arete” jugaba con “El Cordobés”, un caballo argentino que lo golpeó con una pata en la clavícula derecha y se la rompió. Así inició una lucha médica: veterinarios y cirujanos ortopedistas para conseguir un imposible. Y un absurdo ocurrió: la operación fue un éxito, la clavícula fue restaurada; sin embargo, una sobredosis de anestesia causó la muerte cerebral del caballo medallista. Estado vegetal: muerte en vida.

“Arete” será sacrificado, fue la noticia. “El Pollo” Franco, su veterinario de cabecera, dio muerte al noble alazán aquel 4 de febrero de 1952. EL UNIVERSAL le dedicó media plana a la noticia y publicó que al día siguiente de su muerte sus restos fueron depositados en uno de los jardines del Centro Deportivo Olímpico Mexicano.

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En 1952, “Arete” es sacrificado

Veinte años después moriría su jinete: el 6 de diciembre de 1972. Mireles, un hombre a caballo, por crecer sobre los lomos de equinos en Parral, Chihuahua. Su muerte en una celda en París en medio de misteriosos sucesos causados por sus detractores y un supuesto suicidio.

*Pie de Fotografía

Miriles montando a Arete le dio a México la primera medalla de oro individual y por equipos.